Queremos postular nuestra práctica en este sentido desde aquello que como latinoamericanos nos implica, es decir, el papel que ha jugado la traducción en nuestra condición poscolonial, para deshacernos de la idea del original, del lenguaje/contexto primario o de origen. De cara a lo anterior, ponemos un especial acento en entender la traducción como una metodología de mezcla, de contaminación, y más que como un tema a tratar, como una praxis.
Las metodologías que se generan para tejer la cultura, se reflejan siempre en el lenguaje, evidenciándose en éste todo lo que implica cualquier traducción cultural: crear nuevos nexos y sentidos, producir desigualdades o estimular reacciones adversas a la inmigración y la mezcla, develando cómo en la traducción se pueden abolir algunas fronteras pero también se pueden crear otras.
El riesgo que se corre, al traspasar heredades y asumir nuevos territorios, es aquel que promete generar nuevos acentos entre límites y fronteras.